El silencio en el mundo
Al principio mi padre mantuvo su capacidad en secreto, no por miedo a que nadie pudiera arrebatársela, cosa materialmente imposible, o causarle daño por su causa, sino porque lo consideraba un don que merecía ser disfrutado tan solo en la intimidad de su espíritu. Sin embargo, pasado el tiempo fue poco a poco haciéndose más o menos pública su relación con el silencio y así, a lo largo de los años y sin que él lo buscara ni pretendiera, fueron bastantes las personas de todo el mundo que se comunicaron con él, persuadidas de poseer talento similar al suyo o por pensar que determinadas experiencias vividas podían interesar a Joaquín Pertierra.

La mayoría de estas personas relataban historias que no merecían mayor reseña, en general, el simple producto de una imaginación excesiva o percepciones que, siendo estrictos, no consistían en realidad en "escuchar al silencio". Pero otras veces, unas pocas, sí quedó mi padre impresionado por aquellos relatos, de los cuales parecía deducirse que había otras personas en el mundo dotadas de su mismo don. Tan estimulante le resultó esta expectativa que incluso trazó, señalando con alfileres sobre un gran mapa de mundo, los lugares donde habitaban o habían habitado otros escuchadores del silencio. Lo llamó el mapamundi del silencio.

Aquí se muestran solo unos pocos de esos relatos. Hay bastantes más, con los que mi padre fue compilando un libro que llamó provisionalmente Historia universal del silencio, pero yo prefiero respetar aquella primera selección.

La traducción, o cuando menos la supervisión final de los textos, es de mi padre, y también son suyas las notas previas. Sin duda, quien lea estos textos no necesitará mayor explicación sobre las razones que llevaron a Joaquín Pertierra a considerar su favorito al quinto de ellos. 
I.- Anónimo, USA. 14 de julio de 1951
(Nota de Joaquín Pertierra: la persona que redactó esta carta, probablemente la citada Elisabeth o alguno de sus descendientes, la fechó el 14 de julio de 1951 por la importancia simbólica del aniversario que representa, y que se verá a continuación. Pero debo advertir al lector que en realidad recibí la carta, remitida desde la ciudad de Nueva York, en febrero de 1967. En 1951 yo aún estaba lejos de exponer en público mi relación con el silencio, y por tanto es imposible que Elisabeth hubiera oído hablar de mí. Sin embargo, he respetado aquella fecha por respeto a ella y al misterioso personaje que a través de ella relata su historia, personaje cuya identidad he creído descubrir siguiendo el hilo de los escasos pero sustanciosos datos reales que aporta sobre sí mismo. No obstante, prefiero guardarme mi sorprendente conclusión, aunque invito a quien esto lea a seguir los pasos deductivos que yo di).
II.- Liv Ewa Andersen. Noruega. 25 junio 1965
Antes de nada, deseo agradecerle la atención que me concede leyendo esta carta. Su importancia puede parecer nimia, lo sé bien. Pero ¿no lo es también la credibilidad que la mayoría de la gente nos concede a quienes oímos la voz del silencio y sabemos entender sus palabras mudas?
III.- Horacio Corazón. Buenos Aires. 6 septiembre 1973
Me llamo Horacio Corazón, soy trompetista de jazz y esta noche moriré  asesinado por la mujer que amo: así me lo ha advertido mi amigo el silencio, mi reciente amigo el silencio.
IV.- Alberto Uriarte. Lekeitio (Vizcaya), 14 de septiembre de 1975
Me llamo Alberto, tengo diecisiete años y soy de Bilbao. Ahora me hallo sentado en la arena de la playa de Carraspio, en Lekeitio, frente a la isla de San Nicolás, no sé si usted conoce esto. Es aquí donde mi familia y yo hemos pasado las vacaciones de verano en los últimos años, por lo menos diez...
V.- Juan Pertierra, Casa Vieja de Piedra. 13 de julio de 1984
La persona que redactó esta carta es mi propio hijo. O sea, que no hace falta que diga la ilusión que me hizo. Tiene gracia, la mandó desde la Casa Vieja de Piedra, desde el mismo lugar al que me la trajo el cartero una semana después. Cierro con ella esta muestra de las muchas cartas que a lo largo de los años me han remitido los escuchadores del silencio, y lo hago a lo mejor sin rigor. Solo porque quiero.  
Política de privacidad | Aviso legal