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IV.- Alberto Uriarte. Lekeitio (Vizcaya), 14 de septiembre de 1975
Hola, Joaquín. Vi su entrevista en la tele, hablando del silencio, y me llamó mucho la atención. Llamé al programa para pedir su dirección para escribirle y me dijeron que no podían dármela, pero que le harían llegar esta carta. Espero que así sea. Yo, por si acaso, le pongo abajo mi dirección por si quisiera usted orientarme sobre mis dudas.

Me llamo Alberto, tengo diecisiete años y soy de Bilbao. Ahora me hallo sentado en la arena de la playa de Carraspio, en Lekeitio, frente a la isla de San Nicolás, no sé si usted conoce esto. Es aquí donde mi familia y yo hemos pasado las vacaciones de verano en los últimos años, por lo menos diez. Yo tenía cinco o seis la primera vez que vine, podría decir, como en esas novelas cursis, que esta playa y esta isla me han visto crecer verano a verano. Pero hoy es un día importantísimo: el final de una etapa. Pasado mañana empieza el curso escolar en todas partes, y esta tarde regresamos a Bilbao.   

Los tres o cuatro últimos años, antes era demasiado niño para hacerlo, he venido aquí el último día de vacaciones para despedirme de la playa y la isla hasta el año que viene. Cuando vuelva a verlas habrá pasado otro año. Solo que el próximo, cuando me siente de nuevo sobre esta arena, mi vida estará ya dentro de la vorágine nueva, desconocida, que empieza en unos pocos días.Voy a trasladarme a Madrid para estudiar Ciencias de la Información, Rama de Imagen. Quiero ser director de cine. Esto, en Bilbao, es un empeño insólito.

En mi ciudad se pueden hacer las carreras de Económicas, Física, Matemáticas, Empresariales, Filosofía y Letras y, por supuesto, Derecho en la Universidad de Deusto. Pero nada relacionado con la imaginación, con tantas películas por hacer que yo tengo en mi cabeza. El silencio tiene mucho que ver.

El cine es para mí una magia y una droga. Lo mejor de mi vida, lo que más me gusta. Rememorando en mi mente algunos momentos de ciertas películas siento un éxtasis de emoción, un salto feliz al vacío. Paseo por las calles de mi ciudad, repitiendo dentro de mí las escenas una y otra vez, y me siento pleno. Y le aseguro, por eso le escribo, que se hace un silencio absoluto a mi alrededor. Lo que entiendo es que el silencio se hace mi aliado para que yo sienta esa emoción y esa fuerza en mi interior. Sin el silencio no disfruto igual. Es mi cómplice y mi amigo.

Es el silencio el que me llevó a pasar a la acción. Un día, cuando se acercaba el momento de elegir hacia qué facultad tirar, comprendí que debía sincerarme con mis padres y decirles, así de simple el cañonazo, que quería irme a Madrid a estudiar cine. Temía hacerlo. Significaba la separación, por no hablar de un esfuerzo económico que no sabía hasta qué punto tenía derecho a pedir. Dudé durante meses, pero por fin me decidí. Recuerdo el silencio inicial de mis padres, el largo suspiro posterior de mi padre, la mirada de mi madre, algo estupefacta, creo que asustada, y recuerdo también el asentimiento posterior de ambos. Si era lo que yo quería, coincidieron ambos, era necesario buscar la forma de intentarlo. Me pregunto cómo recordaré ese momento crucial de mi vida dentro de quince, veinte, treinta años. Sin ese asentimiento, me habría visto obligado a estudiar Derecho, o Económicas. Pero con su nítido "Sí"...

Ahora siento sobre mí una gran responsabilidad. ¿Triunfaré? ¿Fracasaré? ¿Podrán alegrarse conmigo de mis éxitos o los defraudaré? Llevo todo el verano con esas preguntas a cuestas.

Pero el programa de la tele donde le vi a usted diciendo que el silencio se mueve y habla me pareció una señal, como un faro en la oscuridad, por volver a citar esas novelas cursis. Y encima, me dice la chica tan amable de Televisión Española que me atendió, Patricia me dijo que se llamaba, que usted es también de Bilbao, lo que me pareció otra señal que venía a reforzar a la primera. 

Bueno, Joaquín, no quiero molestarle, ni quiero pedirle que me escriba ni que se moleste por nada conmigo. Solo quería decirle que saber que usted también escucha al silencio me ha dado fuerzas para lanzarme a luchar.

Gracias de su amigo Alberto.
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